Primavera Negra

Fidel Castro y su cosa nostra

Posted on Sun, May. 07, 2006

Fidel Castro y su `cosa nostra’
CARLOS ALBERTO MONTANER

Cuando un amigo común se le quejó a Abel Prieto, ministro de Cultura en
Cuba, de la golpiza dada por una turba a la señora Martha Beatriz Roque
Cabello, una economista enferma de 61 años, éste bajó la cabeza y se
excusó diciendo que ésas ”eran cosas de Fidel”. Le daba vergüenza que
se cometiera un acto tan cobarde. A él le habría gustado poder evitarlo,
pero no estaba en sus manos. En sus manos sólo estaba renunciar al
gobierno, pero le faltaba valor para hacerlo. Pero tenía razón: salvo la
presión internacional, en Cuba nada ni nadie puede detener la ola de
violencia y vejaciones que sufren los demócratas, dentro y fuera de las
cárceles, porque es el propio comandante quien ha dado la orden a sus
numerosos matones para que golpeen, humillen, escupan e insulten a todo
aquél que se atreva a criticar públicamente a su gobierno.

No se trata de actos aislados perpetrados por unos tipos sádicos. Es un
plan cuidadosamente meditado. En las cárceles, los guardias tienen
instrucciones para patear sin compasión a los presos políticos, o para
dejarlos morir si se enferman, como está sucediendo con Héctor Maseda,
con Héctor Palacios, con Oscar Elías Biscet y otras docenas de
demócratas condenados por escribir artículos, prestar libros prohibidos,
pedir un referéndum o distribuir la Declaración Universal de los
Derechos Humanos. Fuera de las cárceles, esa labor de represión violenta
les corresponde al Partido Comunista y a la implacable policía política
adscrita al Ministerio del Interior. El ministro, el general Abelardo
Colomé Ibarra, supervisa hasta los últimos detalles de los llamados
”actos de repudio” –los pogromos contra los disidentes–, los hace
filmar, y pasa a Fidel y Raúl Castro una descripción detallada de los
ataques a la oposición, junto a los videos en los que se registran estos
actos.

Esta barbarie se deriva de la naturaleza psicológica de Fidel Castro y
de su aprendizaje juvenil. Fidel es un tipo corpulento y agresivo que
necesita constantemente demostrase él mismo y demostrar al mundo que
nadie puede retarlo impunemente en ningún terreno. De adolescente, en la
escuela, apostó a que era capaz de tirarse de cabeza contra una pared.
Lo hizo, y la conmoción cerebral lo mantuvo en cama cuatro días. Luego,
en la universidad, se convirtió en adulto en un ambiente sumamente
violento en el que el liderazgo se imponía mediante la eliminación
física del adversario o por medio de la intimidación total.

Así era la atmósfera del gangsterismo político en La Habana de los
cuarenta. A los 19 años, Fidel Castro intentó asesinar a tiros a otro
estudiante, a Leonel Gómez, sólo para demostrar que él era una persona
capaz de cualquier cosa. La permanente pistola al cinto era una señal.
Sencillamente, estaba estableciendo su superio-

ridad por un procedimiento bastante común entre los animales: exhibiendo
su capacidad para hacer daño sin límites. Pocos años más tarde, iniciada
la década de los cincuenta, cuando la oposición a Batista se dividió
entre electoralistas que buscaban terminar con la dictadura por medios
civilizados y los que habían elegido la vía de la insurrección armada,
Fidel Castro organizó sus primeros pogromos para aterrorizar a los
políticos pacíficos, muchos de ellos ex compañeros de su mismo Partido
Ortodoxo. Para él la revolución sólo era otra forma de expresar su
vocación pandillera, y aprendió, desgraciadamente, que el método
funciona. Infundir miedo le ha servido para llegar al poder y para
mantenerse en él durante casi medio siglo. Una de las frases que en
privado más le gusta repetir –y suele hacerlo en un tono torvo
acompañado por gestos de fiereza– revela su carácter y sus
convicciones: “Nosotros conquistamos el poder por la fuerza, el que lo
quiera deberá quitárnoslo de la misma manera”.

Este matonismo ni siquiera se limita a Cuba. Castro les ha dado
instrucciones a sus embajadores para que fuera de la isla reproduzcan el
mismo comportamiento. Por eso las embajadas cubanas, sirviéndose de sus
simpatizantes, y a veces de los propios diplomáticos, ”revientan” las
conferencias o las apariciones públicas de figuras notables de la
oposición, como los escritores Raúl Rivero, Zoé Valdés, Angel Cuadra, el
comandante Húber Matos, el profesor Orlando Gutiérrez o el activista de
derechos humanos Frank Calzón, golpeado por un funcionario cubano hasta
dejarlo inconsciente, nada menos que en el palacete de Naciones Unidas
de Ginebra donde se discutía si en Cuba se violaban o no las libertades
de los ciudadanos.

Todos los días recibo tres o cuatro mensajes de madres, hijas o esposas
que denuncian los horrores que padecen sus familiares dentro y fuera de
las prisiones y me piden ayuda. A mi alcance sólo está divulgar lo que
me cuentan. Les sugiero, eso sí, que documenten esos agravios para
cuando llegue el día de la libertad. Será, también, la hora de la justicia.

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Firmas Press
http://www.miami.com/mld/elnuevo/news/opinion/14519131.htm

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