Primavera Negra

Dictadura de alquiler

Posted on Sun, Jun. 11, 2006

Dictadura de alquiler

RAUL RIVERO

Madrid — El grupo de compadres que secuestró la Isla de Cuba en 1959,
incapaces de producir ni siquiera un frugal desayuno para su población,
se ha asegurado el poder mediante el alquiler del país a dominios
foráneos. Los inquilinos han sido, desde un tosco campesino ucraniano,
como Nikita Kruchev, hasta un gorila de Sudamérica que canta y recita
ante las cámaras: el comandante Hugo Chávez.

El dirigente soviético, que sirvió a Josif Stalin con mansedumbre de ave
de corral y lo denunció cuando ya el asesino de Georgia no podía salir
de las piedras del Kremlin, le pasó el alquiler a Leonid Breznev, una
versión europea de Leonidas Trujillo, un Chapitas invernal que se ponía
una medalla cada mañana antes de afeitarse, entre ellas, la Orden José
Martí.

Esa ha sido la más larga y estable permanencia de un poder extranjero en
la geografía cubana y los complacientes y complacidos anfitriones
llegaron a poner el nombre de sus clientes en letras de oro en el
encabezado del texto de una constitución espuria que redactaron para
eternizarse.

Estos huéspedes cogieron a Cuba de base y vitrina para Occidente y
trajeron, bajo el mismo precio, a manera subarrendatarios, a sus vecinos
y compinches en la promoción de la desarrapada dictadura del proletariado.

Así, llegaron a La Habana y a Holguín y al cálido Santiago, técnicos
búlgaros, checos, polacos, húngaros y alemanes con más empeños por los
últimos oros familiares de los cubanos que por el desarrollo de las
represas y el funcionamiento de los tractores. Llegaron profesionales
del Este buscando un Norte y se aliaron con algunos criollos atentos
para establecer supermercados clandestinos donde se vendían todos los
productos que a la población le habían racionado o borrado
definitivamente del menú diario.

En ciertas etapas que clientes y secuestradores entraban en pendencias y
litigios por perretas políticas y dogmas encontrados, aparecían
huéspedes chinos, con sus gorritas breves y unos sacos de arroz y unos
camiones que no habían descubierto todavía la trasmisión.

Traían unos folletos con los 10 puntos del liberalismo de Mao Tsé Tung,
que a los 75 años fumaba cigarros ingleses 555 y atravesaba a nado el
río Rojo para asistir a las asambleas del Partido Comunista.

El alquiler de los chinos siempre fue alternativo. Como lo es ahora, que
tienen que compartir habitación con las huestes del clon, el clown
venezolano.

No se puede olvidar que antes de la brusca cancelación del alquiler que
hizo Misha Gorbachov, los soviéticos tuvieron que abrir espacios para
los chilenos del tiempo de Salvador Allende cuando Cuba, que ama la
cerveza y el ron, se llenó de vino Baltasar y botas de vino Santa Elena.

Tuvieron que darle entrada a los muchachos del sandinismo que durante un
tiempo también dirigieron parcelas en La Habana y, es cierto que, en
menor medida, a los militares peruanos del general Juan Velasco Alvarado
y a cierta élite panameña de la época de Omar Torrijos y del recto y
pundonoroso militar Manuel Antonio Noriega.

Puertas abiertas también, aunque sin presencia masiva de nacionales, ni
barrios aledaños, ni operaciones milagrosas, ni libretas de técnicos
extranjeros, para el capital de Canadá, Holanda, España y otras naciones.

Cubalse, ya lo dice el nombre de las empresa estatal que provee desde
agua hasta los empleados puntuales y austeros, Cuba al servicio del
extranjero.

Una dictadura alquilada para sobrevivir. Que llega a alquilar por unos
días espacios a sus verdaderos y únicos dueños (sancionados,
perseguidos, hambreados y expulsados del país) para que puedan
reencontrarse con su familiares.

El usuario de hoy, el llanero que canta rancheras, es más pretencioso.
Ya lo presentan sus mismos caseros (el hacendoso Carlos Lage) como
presidente de la nación.

El se quiere quedar con la herencia de sangre y desguace del jefe de la
banda. Y los secuestradores necesitan un nuevo amo con urgencia. Mucho
mejor si viene con dinero, mucho dinero ajeno, que es el que permite
hacer discursos sin trabajar mientras que en la Isla, los dueños
auténticos, se alimentan de sobras y humedales rodeados de mar y
prohibiciones.

Hugo Chávez ha dejado en su isla alquilada una porción para los
camaradas chinos. Ellos ya no vienen con manuales. Traen computadoras
porque construyen a toda prisa el capitalismo de estado y hace falta
estadísticas. Hay que pagar las cuentas. Ese es el riesgo.

Habrá algo también para el compañerito Evo Morales y, por poco, hay que
darle su ración a Ollanta Humala que estaba dispuesto a mudar para el
Caribe enseguida a unos cuantos miles de sus seguidores a coger cursos
sindicales, políticos, de piropos, de chá chá chá y de una especialidad
cubana en el campo de la pedagogía: preparación y memoria para alquilar
el país y darle larga vida a un dictador.

http://www.miami.com/mld/elnuevo/news/opinion/14789987.htm

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

We run various sites in defense of human rights and need support to pay for more powerful servers. Thank you.
Archives