Primavera Negra

Un falso primer lugar

Sociedad
Un falso primer lugar

Sin la existencia de fuentes independientes, ¿cómo los organismos
internacionales pueden certificar los ‘logros’ cubanos en salud y nutrición?

Leonardo Calvo Cárdenas, Ciudad de La Habana

martes 6 de junio de 2006 6:00:00
Altos índices de amenaza y ocurrencia de aborto espontáneo, bajo peso al
nacer, mengua de la talla y el peso promedios: ¿hay o no problemas de
nutrición? (AP)

Ha trascendido en los medios informativos nacionales que el último
reporte anual de la Organización Mundial de la Salud (OMS) arroja que
Cuba es el país de América Latina con más alto promedio de vida (78
años), y según un dictamen del Fondo de Naciones Unidas para la Infancia
(UNICEF), la única nación del subcontinente que no registra desnutrición
infantil.

Aunque las autoridades cubanas han sido asumido estos datos como otro
logro indiscutible, vale la pena analizar el trasfondo. De entrada, con
respecto al promedio de vida —según la estadística fría— Cuba está
relativamente cerca de la nación que ocupa el primer lugar: Japón (82
años). Esta información ha desatado el desenfreno de la tradicional
autocomplacencia propagandística que caracteriza al gobierno cubano,
pero llama la atención que hay otros países que le siguen en la lista,
por ejemplo Chile y Costa Rica, ambos con 77 años de esperanza de vida,
e incluso un tercer grupo, integrado por Argentina, Uruguay y Venezuela,
donde alcanzan los 75 años de existencia como promedio.

La Habana —que hace muchos años asumió en exclusiva la responsabilidad
de proveer las garantías sociales y de salud, lo cual implica un
compromiso extremo en estas materias— puede atribuirse poco en el margen
comparativo de los alcances logrados en estas ramas, porque la Cuba
prerrevolucionaria estaba entre los primeros lugares del continente en
estos renglones, a pesar de las carencias y lagunas de entonces.

Estas estadísticas son, por demás, no confiables, puesto que el gobierno
mantiene control total sobre el sistema, pero también sobre la
información: si no hay fuentes independientes de cobertura social,
tampoco hay fuentes u observadores alternativos que garanticen la
veracidad de los índices reportados.

Aun tomando como válido el mencionado índice promedio, basta con ahondar
un poco y el balance no será tan favorable a las autoridades cubanas.

Ventaja pírrica

Llama la atención que Cuba aventaje por tan poco margen a naciones con
una cobertura de salud diversificada y con segmentos de la población que
por razones económicas, sociales y culturales no tienen acceso pleno y
sistemático a un sistema de salud totalmente controlado y dirigido por
el Estado.

Todo esto, a pesar de que el régimen encontró en 1959 niveles de salud y
calidad de vida nada despreciables para la época (en algunos casos
comparables e incluso superiores a los de algunos países europeos), y
después estatizó el sistema de salud al ciento por ciento e implantó un
sistema de atención y seguimiento territorializado que debe controlar
estricta y cotidianamente la salud de cada ciudadano.

De cualquier manera, los ciudadanos que hoy se cuentan en las
estadísticas por su persistente ancianidad son personas nacidas,
formadas y llegadas a la madurez física antes que llegara al poder dicho
régimen, que dura ya casi medio siglo.

Los resultados prácticos de estos últimos años son visibles:
consuetudinario desbalance alimentario, pésimas condiciones
higiénico-epidemiológicas, deplorable sistema de atención hospitalaria
—no por gusto existe el abochornante apartheid médico a favor de los
extranjeros y la nomenclatura— y altas cuotas de estrés en la vida
cotidiana de todos los ciudadanos.

¿Cómo explicar, por ejemplo, que Venezuela —país que ha requerido en los
últimos años la invasión de miles de médicos, técnicos y asesores de
salud cubanos y cuenta con grandes enclaves de marginalidad, comunidades
indígenas y recónditos asentamientos poblacionales— exhiba un promedio
casi similar al de la Isla?

Al analizar este “nuevo logro” con perspectiva histórica, se puede
concluir que después de varias décadas de conmociones sociales,
políticas y humanas el pueblo cubano ha pagado un precio muy alto para
sacar tan escasa ventaja a otros países de la región que no han sufrido
el rosario de despojos, represiones y desencuentros que han calado tan
hondo en el cuerpo y el espíritu de la nación cubana.

Alimentación: motivo de inquietud

En cuanto a la mencionada vanguardia continental en los índices de
nutrición infantil, con independencia de los parámetros y referencias
que se hayan utilizado para hacer la valoración y la ventaja que otorga
al gobierno cubano el ya disminuido e insuficiente sistema de
alimentación básica garantizada, el país exhibe deficiencias y
retrocesos considerables que el control, la omisión o la manipulación de
la información no pueden esconder.

La profunda crisis económica que el pueblo sufre desde principios de los
años noventa, motivada por el derrumbe de los subsidios soviéticos, los
efectos del control estatista de la producción, la distribución y el
comercio, y la persistencia del gobierno en no liberalizar la economía,
ha provocado la reducción galopante de la canasta básica, la permanente
escasez de productos alimenticios y los inaccesibles precios que
convierten la alimentación diaria de la familia en un permanente motivo
de inquietud y preocupación.

No cabe duda de que es ciertamente encomiable que La Habana haya
garantizado por tantos años diariamente la leche a los niños hasta los 7
años. No se sabe cuántos gobiernos en el mundo son capaces de ofrecer
“tanto”; pero es tan inexplicable como absurda la persistencia en
imponer un monopolio de la incapacidad que niega a la sociedad
(entiéndase productores no estatales) el espacio y el respaldo que puede
ayudar a cubrir las necesidades por tanto tiempo insatisfechas.

En Cuba se manifiesta una especie de determinación que parece decir al
ciudadano: “o te lo doy yo, o no recibirás nada”.

El hecho concreto es que La Habana ha logrado mantener ese control
político y económico que tanto parece interesarle, pero no ha encontrado
respuesta a la carencia y los altos precios de los más codiciados
renglones alimentarios, ni solución al retraso productivo y el
deplorable estado de la red estatal de establecimientos comerciales y
gastronómicos.

Sin soluciones

A lo largo de los últimos tres lustros esta realidad ha generado serios
y extendidos déficits y desequilibrios nutricionales, así como la
considerable disminución del consumo per capita de proteína animal y
calorías en general, lo cual ha provocado fenómenos de tanta gravedad
como altos índices de amenaza y ocurrencia de aborto espontáneo, bajo
peso al nacer, y la mengua de la talla y el peso del cubano promedio.
Esto puede apreciarse en el somatotipo de los atletas de alto
rendimiento o en la complexión física de los adolescentes y jóvenes.

Sin dar cuentas ni información, como casi siempre, hace pocos años las
autoridades se vieron obligadas a realizar un profundo estudio sobre la
condición física y nutricional de niños y adolescentes, que según
trascendidos oficiosos arrojó resultados preocupantes, sobre todo en
algunas regiones del país.

Las medidas de urgencia que el gobierno tomó al respecto, sin asumir
responsabilidades ni promover las necesarias transformaciones
estructurales, poco pueden aportar a la solución de un problema de
graves repercusiones para el presente y el futuro de Cuba.

La propaganda oficial y las estadísticas frías pueden decir lo que
deseen, pero ni las desfasadas y esquemáticas comparaciones de los
organismos internacionales, ni la incontestable manipulación informativa
de las autoridades cubanas pueden crear las condiciones sociales y
económicas que garanticen la salud y el bienestar material y espiritual
de los ciudadanos de hoy y mañana.

URL:
http://www.cubaencuentro.com/es/encuentro_en_la_red/cuba/articulos/un_falso_primer_lugar

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