Primavera Negra

William Navarrete: Juegos de Luz

William Navarrete: Juegos de Luz

2006-06-18

Contrario a lo que pueda parecer, a veces resulta extremadamente difícil
escribir sobre la obra de un amigo: el aprecio y el cariño pueden
servir, cuando no de velo, de catalizador, y los extremos ya sabemos que
no son recomendables. Por alguna razón siempre nos empeñamos en ser más
exigentes con los que tenemos cerca, pero en este caso, aunque no pueda
evitar el entusiasmo, creo que está justificado.

En los últimos años, el nombre de William Navarrete, amigo leal y
entrañable, se ha afianzado como uno de los valores más firmes de la
literatura cubana contemporánea. Y no lo digo solamente yo. Para Luis de
la Paz, por ejemplo, analizando su poesía, Navarrete marcha a la
vanguardia expresiva de la más reciente literatura cubana, heredera
emocional de los grandes autores del XIX y el XX cubanos. Emilio
Ichikawa, por su parte, le define como una de las personalidades de más
consecuentes contornos que muestra hoy la cultura cubana.

A su demostrada excelencia como poeta y como investigador, podemos
añadir ahora, gracias a la recopilación de textos Catalejo en lontananza
que nos entrega Aduana Vieja, la posibilidad de descubrir una prosa
reflexiva más urgente e inmediata, la del periodismo, que ya sabemos
tiene sus reglas, que dictan presteza y ligereza para emprender el vuelo
diario. De hecho, a ratos el lector podrá tener la impresión de que
disfruta también de un ameno libro de viajes, rodeado de multitud de
referencias.

Uno de los valores de este volumen reside, sin dudas, en reunir una obra
diseminada que hemos ido leyendo de forma intermitente en los últimos
años, sobre todo por la variedad de medios en donde ha ido apareciendo.

Catalejo en lontananza es un libro lleno de descubrimientos. Juegos de
luz, también podría llamarse, parafraseando los famosos Juegos de agua
de Dulce María Loynaz. Observatorio, sí, como su título sugiere, pero no
desde lo distante o desde la descomposición de la luz al atravesar un
prisma. La seria labor de investigación y sistematización que precede a
cada uno de los trabajos de William Navarrete, que además podemos decir
que es uno de nuestros autores más prolíficos, con esa capacidad
inconmensurable evidente en los grandes autores, permite un diálogo con
la realidad de su tiempo, escribiendo con paciencia para un lector al
que no tiene reparos en facilitar útiles precedentes para la mejor
comprensión de sus propuestas.

Algunos de esos elementos corresponden al nivel de las apreciaciones
psicológicas y sensoriales, difícilmente constatables a través de la
simple enumeración de hechos históricos o literarios, como si fuese
graduando ese catalejo virtual, ora aproximándolo, ora alejándolo para
ganar en visión y precisión. Hay que tener en cuenta también que ya no
se escribe para los lectores de un diario específico, sino con la
certeza de que Internet amplificará de inmediato la cobertura de un
texto, y Navarrete sabe aprovechar muy bien esa circunstancia.

La literatura cubana cuenta en su haber con una larga tradición de
magníficos cronistas. Ninguno de nuestros grandes autores ha podido
dejar de sentir el influjo y la seducción del periodismo. Martí, Lezama,
Baquero, Carpentier, entre muchos más, supieron crear un espacio
personal en el difícil arte del columnista. La obra periodística de
nuestro autor destaca no sólo por su mirada crítica y por su capacidad
de asociación y análisis, indispensables al oficio, sino por una labor
de investigación mucho más exhaustiva de lo que un simple artículo de
opinión podría exigirle.

Cuba es el motivo principal que exhala este libro y no podía ser de otra
manera. William Navarrete es también un agitador nato, y empleo la
palabra en el sentido más positivo y revolucionario del término. Desde
su exilio en Francia, Navarrete padece el dolor de Cuba, ese golpe que a
muchos nos hiere y que cada día remueve los cimientos éticos y morales
de toda persona comprometida con la cultura y la realidad cubanas; algo
que se trasluce con delicadeza a través de sus palabras, de lo que dice,
de lo que alude, pero también de lo que calla y trabaja de manera
incansable. Léase La represión en Cuba o La ciudad de los suspiros o La
Habana entera, y se sentirá de manera palpable ese sufrimiento por la
ciudad abandonada y se compartirá el dolor del destierro.

Desde París, William Navarrete también ha promovido un importante
movimiento de apoyo a los presos de conciencia cubanos y a sus familias
que ha llegado a tener repercusión en el resto de los países de la
Unión, y ha conseguido que diputados en Francia, y en otros países, se
adhieran apadrinando a cada uno de los presos de la Primavera Negra de 2003.

La Historia de Cuba ha sido manipulada de manera sistemática por el
Gobierno cubano y no son sólo los historiadores los que tiene a su cargo
recoger la historia real y la “otra versión”. William Navarrete es una
esas voces claras y serenas, apasionada cuando hace falta y contenida
cuando la ocasión lo exige, que da paso a la razón imprescindible para
la interpretación del panorama contemporáneo de la cultura y la realidad
político, social y cultural de Cuba (incluyendo cuando hablo, por
supuesto, su manifestación en el exilio). Le agradeceremos, sobre todo,
que recupere para nosotros el panorama de la cultura cubana en París, el
bagaje de la música y mucho de las artes plásticas en el exilio.

Como comprenderá el lector en el índice, el libro se estructura en
cuatro grandes bloques temáticos: Historia-Política-Sociedad,
Literatura, Artes Plásticas-Teatro-Arquitectura y finalmente Música.
Encontrará artículos publicados en su columna y en otras revistas
impresas y publicaciones electrónicas*. Por último, completa esta
edición de Aduana Vieja un útil índice onomástico que ayudará a
encontrar fácilmente múltiples referencias y también nos da una idea de
la amplitud de temas y personajes tratados.

El empeño de William Navarrete me recuerda en ocasiones al de Martí, ese
joven pertinaz moviéndose todo el tiempo de un lado a otro, recopilando
apoyos para la causa de la libertad de Cuba, pluma en ristre, que
pareciera no tener más vida que para Cuba y la escritura.

En definitiva, Catalejo en lontananza es un libro ameno, con buenas
críticas, cargado de referencias, análisis profundos de exquisito
detenimiento y que consolida a William Navarrete entre las figuras
prominentes de la literatura hispanoamericana contemporánea.

* Catalejo en lontananza (Ed. Aduana Vieja, Valencia, 2006) recopila
artículos y ensayos de William Navarrete publicados en El Nuevo Herald,
Cubanet, Linden Lane Magazine, El Ateje, Encuentro, Misceláneas de Cuba,
Tranvía, Quartier Latin, El Disidente, Herencia, 100 Años, Nueva Prensa
Cubana, Venezuela Futura y otras revistas electrónicas e impresas.

http://www.miscelaneasdecuba.net/web/article.asp?artID=5816

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