Primavera Negra

Guardaespalda y mafioso: del casino a seguidor de Castro

Publicado el lunes 28 de mayo del 2007

Guardaespalda y mafioso: del casino a seguidor de Castro
Por ANDREA RODRIGUEZ
The Associated Press

LA HABANA —
Fue chofer, guardaespaldas y hombre de confianza del mafioso Meyer
Lansky en La Habana, pero sobre todo testigo de una época en la que Cuba
se proyectaba como un paraíso del juego, la prostitución y las drogas.

Armando Jaime Casielles murió sin que ningún medio de prensa local lo
reflejara a comienzos de este año, el 12 de febrero, en La Habana, a los
75 años de edad, a causa de complicaciones de un cáncer.

"Jaime era un ser maravilloso, en casi diez años de amistad llegué a
respetarlo muchísimo", dijo en entrevista con AP Enrique Cirules, un
periodista cubano que investigó los tentáculos del hampa en la isla.

De la colaboración entre ellos dos y en base a las memorias de Casielles
nació en 2004 el libro "La Vida Secreta de Meyer Lansky en La Habana"
sobre el famoso "capo", un hombre descrito como bajito, más bien feo,
siempre vestido de gris, que no bebía, no jugaba ni perseguía mujeres.

También se negaba a que le tomaran fotos.

Políglota, pues hablaba inglés, francés, italiano, ruso, alemán y hasta
la jerga de Irlanda, el mafioso prefería sin embargo pasar inadvertido y
no dejaba que nadie más que el cubano Casielles conociera sus casas en
la isla.

Casielles, joven y aventurero, había nacido en La Habana y se fue como
polizón en un transbordador a Estados Unidos.

Estudiante pobre comenzó siendo "dealer" (distribuidor de las casas de
juego) de los casinos en Las Vegas de Lansky y luego se convirtió en su
acompañante en la isla entre 1957 y 1959, cuando la revolución abortó
las intenciones de completar el esplendoroso imperio mafioso aquí.

"My sonny boy" (mijito) solía llamarlo Lansky, mientras le pedía guiarlo
-a veces armado- por la bulliciosa ciudad tropical para controlar
casinos y centros nocturnos, burdeles y teatros o a reunirse con otros
colegas del hampa como Joe Stasi y Santo Trafficante y hasta con el
entonces dictador Fulgencio Batista.

"Era una Habana donde no se perdía el sol", comentó Cirules al recordar
las anécdotas que le contó Casielles en sus charlas.

Ambos realizaron varios recorridos por los lugares a los cuales
Casielles llevó al mafioso: mansiones sensacionales, embarcaderos,
bancos, y hoteles como el Capri o El Nacional, donde solía alojarse.

"Fuimos a joyerías donde Lansky compraba monedas de oro, y las
panaderías que prefería. Empecé a descubrir una Habana desconocida",
recordó Cirules, quien explicó que junto a esos exotismos de la urbe
había barrios marginales llenos de pobreza agudizada por los vicios y la
decadencia.

El juego, la corrupción y sus males derivados "afectaban no sólo a la
sociedad cubana, sino a la norteamericana", pues atraía incautos
turistas para estafarlos y desplumarlos, comentó Cirules.

Entonces había decenas de vuelos diarios desde diferentes ciudades
estadounidenses hacia Cuba.

Tanto a partir de los informes de Casielles como de sus propias
investigaciones, Cirules llegó a la conclusión de que en las décadas del
40 y el 50 la isla se convirtió en un "Estado delictivo" en el cual
actuaron tres poderosas fuerzas: los grupos mafiosos provenientes de Las
Vegas, la dictadura militar y las dependencias de la Inteligencia y
espionaje estadounidense.

En este escenario Lansky se enfrentó con otro clan, el de los sicilianos
de Nueva York, por el control de tan productiva plaza y hasta tuvo que
soportar que Albert Anastasia viniera a Cuba para tratar de "robarle"
una parte del suculento negocio tentando a Batista.

Anastasia murió poco después el 7 de octubre de 1957 baleado en Nueva
York en medio de una guerra entre grupos.

De todo eso fue parte Casielles, testigo además de los amores de Lansky
con una hermosa cubana, "Carmen", y a quien había conocido en una tienda
por departamentos.

Pero ni el todopoderoso "capo" pudo con el terremoto político y social
que significó el avance de los guerrilleros de Fidel Castro.

Lansky incluso convenció a Casielles de iniciar una campaña publicitaria
destinada a que las autoridades comprendieran la importancia del juego,
los ingresos por el turismo y los impuestos que significaban, pero no
dio resultado: los rebeldes estaban decididos a eliminar el viejo
esquema y construir una sociedad donde la mafia no tenía cabida.

La última vez que el entonces joven guardaespaldas vio al mafioso fue en
abril de 1959.

"Cuando Jaime Casielles ve entrar en La Habana a Fidel (Castro), el 8 de
enero de 1959… entra en una fuerte crisis espiritual y sencillamente
abandona a Lansky", comentó Cirules. "En consecuencia toma la decisión
de no salir de Cuba".

Lansky murió en la década del ochenta.

Unas avenidas llenas de personas contagiadas de un fuerte nacionalismo
que hablaban de una sociedad de justicia social y que blandían banderas
cubanas debieron afectar la idea del mundo que se había formado Casielles.

"Jaime se hizo super revolucionario, un admirador de Fidel Castro y su
obra", dijo su amigo Gregorio Hernández, un músico y bailarín que lo
conoció.

Casielles comenzó a interesarse en la cultura afrocubana y sus
tradiciones, y terminó por convertirse en el encargado de relaciones
públicas del Ballet Folklórico Nacional.

También se casó dos veces y tuvo tres hijos.

Y al despedirse de la vida dejó un grato recuerdos para sus amigos:
"cuando uno pierde un hermano, ¡qué tristeza! que dolor se queda en el
alma", se lamentó Hernández.

http://www.elnuevoherald.com/256/story/46182.html

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