Primavera Negra

Informe SIP 04-2011

Cuba

La situación de la prensa, en los últimos seis meses, acusa la misma
precariedad y desesperanza de la sociedad cubana. Medios de comunicación
gubernamentales utilizados como instrumentos de propaganda, férrea
censura y desinformación; acciones represivas contra los medios
independientes en las que se mezclan apresamientos, golpizas, amenazas y
acoso de turbas; y operaciones de los órganos de inteligencia para
bloquear y silenciar las voces discordantes.

Al cierre de este informe, habían salido de prisión todos los
periodistas del Grupo de los 75 condenados injustamente en la llamada
Primavera Negra, en marzo del 2003. Fueron encarcelados entonces 75
personas, entre ellos periodistas, sindicalistas y activistas de
derechos humanos, a quienes se les condenó a penas de entre tres y 30
años. Algunos estuvieron confinados 10 años; la mayoría, más de cinco.
En ese tiempo sufrieron un régimen de severidad penal, castigos,
golpizas, vejaciones, pésima alimentación, hacinamiento y la convivencia
con reos comunes de alta peligrosidad. Todos vieron seriamente afectada
su salud. A lo anterior se añade el calculado alejamiento de los sitios
de encarcelamiento respecto de sus hogares y las represalias contra
familiares.
Este período está marcado por dos acontecimientos significativos: un
incierto proceso de reformas en la economía, la inusitada liberación de
prisioneros políticos y periodistas, mientras se mantienen las acciones
de vigilancia, control y represión mediante el recurso a detenciones
frecuentes durante pocos días u horas.

Las reformas –cuyo alcance no se acercan siquiera a aquéllas que se
ejecutaron en el viejo campo socialista entre los años 70 y 80— se han
caracterizado por su timidez, lentitud y, en palabras del mismo régimen,
una "excesiva burocratización". Desde que fueron anunciadas, en julio
del 2007, pretendieron calmar las ansias de una población extenuada por
las carencias y ahogada por la falta de libertades.

En diciembre del 2010 el gobernante Raúl Castro admitió que el país
corría peligro de hundirse. El despido de un millón de empleados –que
contó con la irónica anuencia y colaboración de los sindicatos oficiales
y el apoyo incondicional de los medios— fue suspendido silenciosamente,
quizás debido a que podría empeorar la situación ya de por sí caótica.

La liberación de prisioneros, resultado de la mediación de la Iglesia
Católica, diseñada por el gobierno, pretende mejorar la imagen del
régimen y conseguir ayuda exterior, principalmente de la Unión Europea.
La salida de las prisiones fue dosificada para magnificar el rédito
político; y aquellos pocos que se negaron a salir al exilio con sus
familias, tuvieron que aguardar hasta el final. Dicha liberación
significó el destierro para la inmensa mayoría y los prisioneros no han
sido amnistiados ni perdonados: se les ha concedido una "licencia
extrapenal", lo que de hecho pone a los que decidieron permanecer en la
isla en peligro de volver a prisión en cualquier momento.

En enero, la organización Human Rights Watch (HRW) en su informe anual,
destacaba que Cuba era el único país de América Latina donde se reprimen
casi todas las formas de disenso político mediante hostigamiento,
golpizas e imputaciones predelictivas.

Según la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional,
en enero fueron arrestadas 117 personas y 390 en febrero. En marzo se
registraron 32 incidentes de represión policial, con un saldo de 83
personas detenidas quienes fueron liberadas al cabo de varias horas o
días. Además, en ese mes se produjeron 12 actos de repudio.

A mediados de marzo, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos
(CIDH) en su informe del 2010 reiteró que en Cuba "las restricciones a
los derechos políticos, la libertad de expresión, la falta de elecciones
y de un Poder Judicial Independiente, así como las restricciones a la
libertad de movimiento, violan los derechos fundamentales de sus
ciudadanos".

En este contexto, resalta la visita privada que el expresidente James
Carter realizó a fines de marzo. Por primera vez en muchos años un ex
presidente se reunió con disidentes, ex presos políticos y blogueros y
periodistas independientes, entre ellos, Yoani Sánchez, Claudia Cadelo,
Laritza Diversent y Reinaldo Escobar.

Alrededor de un centenar de periodistas independientes llevan a cabo su
labor, entre carencias materiales y una incesante represión. Deben
recurrir a agencias de noticias, emisoras radiales y publicaciones del
extranjero para dar a conocer sus informaciones y comentarios. Algunas
representaciones diplomáticas en La Habana les ofrecen facilidades para
conectarse a internet y enviar sus reportes; éste es el caso de la
Sección de Intereses de Estados Unidos (SINA), República Checa, Holanda
y Reino Unido, entre otras.

Aunque la mayoría de aquellos que iniciaron el movimiento a fines de los
90 se ha visto forzada a exiliarse, se siguen sumando otros. Por ello
vale destacar el ejemplo de algunos que, no más salidos de prisión, han
retornado a las tareas que los llevaron a la cárcel.

Con todo, la existencia de varias decenas de blogs independientes
concentra en la actualidad la mayor atención de la prensa internacional.
Los nombres de Yoani Sánchez (Generación Y) y Claudia Cadelo (Octavo
Cerco), son reconocidos en el mundo, pero en los últimos tiempos han
crecido en relevancia, atractivo y calidad periodística y literaria
otros muchos blogs en lo que ya se admite como un movimiento imparable.

En diciembre el periodista independiente Guillermo Fariñas fue
galardonado con el Premio Sájarov 2010 a la Libertad de Conciencia.
Fariñas no pudo recibirlo en persona debido a la negativa de las
autoridades cubanas a dejarle salir de la isla, represalia habitual
contra los disidentes. Desde entonces el periodista ha sido arrestado en
varias ocasiones y la policía y sus turbas no han dejado de acosarlo.

Con motivo del Día Internacional de la Mujer, la bloguera cubana Yoani
Sánchez, quien ya ha recibido varias distinciones internacionales, entre
ellas el Premio Ortega y Gasset, recibió, junto con otras siete mujeres,
el premio "Women of Courage", otorgado por el Departamento de Estado de
EEUU.

Los blogueros cubanos hacen todo tipo de malabares para burlar la
censura y mantener actualizadas sus bitácoras, donde presentan sus
crónicas y artículos de opinión sobre la situación cubana. A menudo sus
páginas son bloqueadas, sus autores sometidos a vigilancia, arrestos y
golpizas. En la misma blogosfera, deben afrontar la ofensiva de más de
un centenar de blogs oficialistas con todos los recursos y el respaldo
del gobierno.

Un video que circuló en la red hace dos meses muestra que el régimen
enfoca la irrupción de las nuevas tecnologías como un peligro para su
monopolio del poder. El video en cuestión —una conferencia para altos
oficiales de la policía política sobre las amenazas de los nuevos
medios— ofrece recomendaciones para lidiar con el fenómeno, califica a
los blogueros independientes de "mercenarios virtuales" y acusa a EEUU
de "crear una plataforma tecnológica ajena al control de las autoridades
cubanas que permitiría el tránsito
de información libre".

Los cables del Departamento de Estado, publicados por WikiLeaks
recientemente, mostrando que Washington prefiere apostar por los jóvenes
blogueros antes que por la disidencia tradicional, parecen confirmar
esos temores. Para el gobierno cubano, Facebook ,Twitter y YouTube son
el enemigo.

A fines de febrero, las revelaciones de dos agentes de la inteligencia
infiltrados entre los disidentes exhibieron nuevamente las viejas
tácticas de desacreditación contra opositores y periodistas
independientes, a los que se acusó de ser mercenarios de EEUU. Esto
sirvió como preámbulo del juicio que, a principios de marzo, el gobierno
montó contra el contratista estadounidense Allan Gross, acusado de
"actos contra la integridad y la independencia" del país. Como es
sabido, Gross fue detenido en La Habana en diciembre del 2009 por
distribuir equipos satelitales a una comunidad judía y permaneció
encerrado sin que se le formularan cargos durante 15 meses.

En marzo hubo más revelaciones de agentes infiltrados entre los
disidentes, en un claro intento por desacreditarlos y, de alguna manera,
justificar la condena que finalmente se impuso a Gross, de 15 años de
prisión, por participar en un alegado "proyecto subversivo del Gobierno
de Estados Unidos".

Desde el 7 de marzo, la televisión inició un serial centrado en lo que
llama la "ciberdisidencia", ofensiva en la que toma parte el diario
Granma. Las figuras que centran esta nueva campaña de descrédito,
verdadero linchamiento mediático, son Yoani Sánchez y Dagoberto Valdés,
director de la revista digital Convivencia, una publicación
independiente de inspiración cristiana, contentiva de fuertes críticas
al régimen.

A ambos se les mostró en pláticas con funcionarios de la Oficina de
Intereses de EEUU (grabadas por la seguridad del Estado) y se insiste en
la cantidad de dinero que reciben del exterior, bien sea través de
"premios manipulados" o "donaciones calculadas". Como en tantas
ocasiones, se azuzó el fantasma de la injerencia de EEUU y la CIA para
disfrazar el propósito de frenar, mediante el terror, cualquier
actividad disidente y disuadir el interés de los jóvenes por las nuevas
tecnologías. Por esta razón, también se ha impedido y de algún modo
coaccionado algunas iniciativas de ciertas diócesis de la Iglesia
Católica para fomentar entre los jóvenes creyentes la creación de blogs
independientes.

La naturaleza de la prensa gubernamental –en verdad un instrumento de
propaganda y desinformación— no podría mostrarse más explícita como en
la cobertura de las revueltas en el mundo árabe. En momentos en que en
Libia se producía un levantamiento contra la dictadura de Muamar el
Kadafi, los medios oficiales desplegaron un panorama en que insistían en
la calma de Trípoli y el apoyo de la población. A juzgar por la primera
plana de Granma, no habían existido masacres ni deserciones de
funcionarios ni repulsa del mundo; ni tampoco ciudades tomadas por los
rebeldes y ansias de libertad.

Las protestas y desafíos en otros países fueron escamoteadas y sirvieron
a artículos de opinión para criticar a Estados Unidos. La intervención
de los aliados en Libia fue vista como acciones agresivas de "potencias
imperialistas".

Como trasfondo, las opiniones ("reflexiones") de Fidel Castro tiñen el
ambiente político, con predicciones apocalípticas, amonestaciones ante
cualquier desviación y denuestos contra el imperialismo yanqui.

Las pocas críticas que recogen los medios –con menor o mayor despliegue
en dependencia de los intereses del régimen— tratan cuestiones
periféricas. No existen referencias a la falta de libertades a las
violaciones de los derechos humanos o a la situación de las cárceles;
mucho menos denuncias a personalidades o al partido gobernante.

El gobierno cubano ejerce sobre los corresponsales extranjeros
acreditados en La Habana, una política de palo y zanahoria. Si el
corresponsal se excede en sus críticas, se le crean dificultades de toda
índole hasta que su presencia en La Habana se convierte en un tormento;
o se le denuncia en la prensa oficial hasta que se consigue que se
marche del país. Si, al contrario, se porta bien, se le deja trabajar y
se le facilitan contactos y entrevistas. Eso condiciona una permanente
autocensura y hasta reportajes con un toque de simpatía hacia el régimen.

Las autoridades del Centro Internacional de Prensa (CIP) han afinado los
controles para el otorgamiento de visas para coberturas temporales. Este
es el caso de los reporteros de El Nuevo Herald, a quienes se les sigue
negando la entrada en la isla. Curiosamente, la oficina de intereses de
Cuba en Washington se ha interesado directamente para que el diario
ofrezca mayor cobertura a las series nacionales de béisbol.

Sabedor de que cualquier chispa podría provocar un levantamiento, el
régimen realiza detenciones por días u horas de periodistas y
opositores. El acoso de turbas, organizadas y protegidas por la policía,
y mítines de repudio están dirigidos a crear un ambiente de terror, que
impida reuniones y manifestaciones de descontento.

En estas circunstancias se intenta limitar o impedir el acceso de la
población a canales alternativos de información. A diferencia de Túnez,
Egipto, Bahreim e incluso Libia –gobiernos autoritarios o francamente
dictatoriales— en Cuba el ciudadano común no puede conectarse a internet
y, por tanto, Facebook, Twitter y YouTube le resultan desconocidos.

El cable submarino de fibra óptica, a un costo de 70 millones de
dólares, que se acaba de instalar entre Venezuela y Cuba no significará
mayor acceso a la red, que en la isla sólo llega a menos del 3 por
ciento de la población. El gobierno ha declarado que existen otras
prioridades antes que ofrecer banda ancha a los ciudadanos particulares.

Anteriormente, a comienzos del 2011, el gobierno amenazó a los
fabricantes clandestinos de antenas parabólicas y vendedores de tarjetas
para captar señales de televisión por satélite. Granma justificó la
persecución de esas actividades como parte de "la defensa de la
soberanía radioelectrónica" del país. Prosiguen las redadas para
localizar los centros de redistribución de señales, desmantelar las
redes y, finalmente, destruir las antenas y conexiones y multar a los
infractores.

El hambre de información es inmensa. Además de recurrir a medios
tradicionales, como la radio y televisión extranjeras, los cubanos crean
nuevas formas para asomarse al mundo exterior. Aquellos pocos
privilegiados con acceso a internet y parabólicas alimentan una red
paralela de distribución de noticias mediante disquetes y dispositivos
de memoria USB. Pocas veces la piratería electrónica se convirtió en
pasatiempo nacional y tuvo un efecto tan benéfico. Por ejemplo, una
publicación como El Nuevo Herald, catalogada de "contrarrevolucionaria",
goza en la actualidad de una notable aceptación en la isla. La cifra de
visitantes a la página web ha venido creciendo en los últimos años y se
mantiene, como promedio, por encima de las 890,000 visitas anuales.

http://www.sipi
apa.com/v4/index.php?page=det_informe&asamblea=46&infoid=803&idioma=sp

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