Primavera Negra

Defiendo a mi abogada

Defiendo a mi abogada
La sanción administrativa impuesta a letrada Amelia Rodríguez Cala es un
castigo por representar a presos políticos
martes, febrero 25, 2014 | René Gómez Manzano

LA HABANA, Cuba, febrero – La semana pasada circuló en toda la comunidad
disidente de Cuba una noticia inquietante: El órgano permanente superior
de la Organización Nacional de Bufetes Colectivos (ONBC), le prohibió el
ejercicio de la abogacía por un término de seis meses a la doctora
Amelia Rodríguez Cala, gran defensora de opositores acusados.

Al pasar los días, se han ido conociendo detalles adicionales de la
torpe maniobra. Resulta evidente que, aunque se invoquen otras razones,
lo que subyace en el fondo de esta nueva patraña es el propósito de
castigar a la letrada por su postura vertical en el ejercicio de su
profesión.

Como es usual, los pretextos esgrimidos son otros. A Amelia le iniciaron
un expediente disciplinario en base a supuestas quejas de dos clientes.
A estas alturas, es razonable sospechar que al menos una de ellas haya
sido una provocadora al servicio del régimen. En cualquier caso, un
examen somero de las dos denuncias demuestra la endeblez de las acusaciones.

En el asunto de Caridad Chacón Feraudy, se le imputa a la doctora no
haber presentado las pruebas en tiempo. No importó que una técnica
auxiliar incumpliera su obligación de notificarse e informar a la
abogada sobre el particular. Tampoco que Amelia en definitiva ganó el
pleito, pues las pruebas fueron presentadas para mejor proveer,
admitidas y practicadas por el Tribunal.

Por su parte, Regla Capote Alayo expone que no fue citada al bufete para
informarle del fallo dictado en su caso. Al respecto, la misma letrada
exhibe documentos que demuestran que convocó a esa señora en no menos de
diez ocasiones, sin que esta última se dignara darse por enterada.

Quien examine el asunto con imparcialidad, concluirá que la doctora
Rodríguez Cala debió ser exonerada. Pero las instrucciones fueron otras,
y pedirles objetividad a los jefes de la ONBC es como esperar que un
pino dé mangos. Lo decidido ahora contra Amelia es sólo el último
eslabón de una larga cadena de actos de permanente acoso contra ella.

Conocemos del constante hostigamiento que los dirigentes del Bufete
Colectivo de Carlos III han mantenido contra la letrada. En esto se han
destacado la directora de la unidad, Ileana Sandoval Roldán, y el jefe
de equipo Franklyn Menéndez Tamayo.

Ellos le han hecho la vida imposible. En forma descompuesta cuestionan
de manera constante sobre supuestas deficiencias en su trabajo. Esto se
ha repetido en presencia de distintos clientes, que dan fe del trato
despótico y abusivo que los cabecillas del citado bufete dan a la
doctora. Esto no es casual.

Rodríguez Cala ha defendido a más de cien opositores. Al ser separada
del ejercicio profesional, ella representaba a casi todos las
personalidades independientes que hoy mismo son parte en procesos
judiciales: Berta Soler, Martha Beatriz Roque, Sonia Garro, Ramón Muñoz,
Ángel Santiesteban, Marcelino Abréu Bonora, Reinier Mulet, Miguel Ulloa
Guinart, Ángel Yunier Remón, Gorki Águila.

Esta realidad es la que concita el odio y la ferocidad de los mediocres,
para quienes la toga no es más que una especie de uniforme. En su
desenfreno, los represores de los bufetes colectivos incluso han
excedido sus facultades. El Decreto-Ley 81, que regula el ejercicio de
la abogacía, los faculta a aplicar a un miembro de la organización,
entre otras sanciones, la de “traslado a otra plaza de inferior
categoría o, previa la correspondiente coordinación, a otra unidad cercana”.

La conjunción disyuntiva indica que se puede escoger entre las dos
penalidades: o le dan un cargo inferior, o la transfieren a otro bufete
(se sobreentiende, a laborar allí como jurista). En este caso,
infringiendo la ley, se aplicaron ambas medidas. En cuanto a la
‘cercanía’, piénsese solamente que la mandaron al lejano municipio de La
Lisa.

Esta semana, la letrada proyecta cumplir su injusta sanción. En su nueva
plaza devengará al mes 300 pesos cubanos: poco más de 12 dólares.
Quieren acallar su voz, pero su honradez y su acendrado amor a la
profesión la ponen muy por encima de todas estas canalladas. ¿Podrá
trabajar en La Lisa sin dificultades, o debemos esperar más
provocaciones y actos de acoso contra ella?

Estemos pendientes de su situación. También de la de los presos
políticos, cuya defensa —al parecer— el régimen ahora desea que sea
asumida por los dóciles abogados de oficio que los mismos dirigentes han
escogido. En cuanto a Amelia, me mantendré al tanto, no sólo por ser una
colega que ha vestido la toga con dignidad, sino también —y ya en un
plano más personal— porque fue mi defensora durante mi segunda prisión
política.

Source: Defiendo a mi abogada | Cubanet –
http://www.cubanet.org/destacados/defiendo-a-mi-abogada/

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