Primavera Negra

Balance del Cardenal Ortega

Balance del Cardenal Ortega
mayo 31, 2016 2:02 pm por Rogelio Fabio Hurtado

Marianao, La Habana, Rogelio Fabio Hurtado, (PD) Con alrededor de cinco
años de retraso, Roma ha aceptado la renuncia del Arzobispo de La Habana
Jaime Ortega.

Sus largos años de servicio ameritan un balance de su gestión. Su
mandato puede dividirse en dos etapas: antes y después de la visita de
Juan Pablo II, a principios de 1998.

Recuerdo la digna y honrosa actitud de Monseñor Ortega a propósito del
fusilamiento del General y Héroe de las Repúblicas de Cuba, Nicaragua y
Etiopía, Arnaldo Ochoa y sus compañeros.

Escribió entonces en el boletín La Voz del Obispo, que editaba en
nuestra arquidiócesis el amigo Eduardo Mesa: “Como discípulo de un
también condenado a muerte, él no podía hacer otra cosa que condenar
aquellas ejecuciones.

Con motivo del hundimiento asesino del remolcador 13 de Marzo repleto de
mujeres y niños, a la salida de la bahía de La Habana en el verano de
1994, tuvo también palabras de condena muy sentidas, que los
inconsolables familiares agradecieron debidamente.

Por aquellos años, cuando los templos habaneros de colmaban de
disidentes, que a menudo irrumpían en gritos de “Libertad, Libertad”, lo
vi mantener una actitud ecuánime y serena.

Merece reconocimiento asimismo por el impulso que ofreció a la naciente
prensa católica, en general nada agradable para el Gobierno-Partido-Estado.

Así, acompañado por el ilustre nuncio apostólico Monseñor Beniamino
Stella, fraguó la histórica e inolvidable visita del Papa Juan Pablo II
a Cuba.

Fue más o menos a partir de ese momento, en que el Cardenal Ortega y
Alamino comenzó decaer en sus planteamientos públicos y homilías. Sobre
todo, a raíz de la sustitución de Roberto Robaina como ministro de
Relaciones Exteriores, a favor del joven Felipe Pérez Roque.

Desconozco los motivos que lo llevaron a rebajar sus declaraciones tanto
en los púlpitos como en sus textos escritos. Comenzó entonces a
parecerse lastimosamente al sobrenombre que le daban sus enemigos:
“Sonrisas”.

Sin embargo, aún no mostró indicios de practicar el Césaropapismo. Se
abstenía de críticas, pero tampoco pronunciaba alabanzas políticas.

Con la sustitución al frente del Partido y Gobierno del Máximo Líder por
su hermano Raúl Castro, este vuelco comenzó a acentuarse y lo llevó a
servir de auxiliar al régimen para aliviarse el problema cada vez mayor
que constituían los presos de la Primavera Negra y las Damas de Blanco.

De entonces a acá, sus dislates se han reiterado, y la Iglesia ha
perdido el prestigio que había ganado antes.

No puedo excusarle que no promoviese a la dignidad de Monseñor al Padre
Fernando de la Vega Benson, con méritos sobrados para ello.

Ahora, llega Monseñor Juan García, Arzobispo de Camagüey, sacerdote
formado en el canon de los grandes pastores del Oriente cubano, un
pastor con olor a oveja, ha dicho de él el activista católico Dagoberto
Valdés.

Dios quiera iluminarlo para el bien de toda nuestra querida Iglesia.

rhur46@yahoo.com; Rogelio Fabio Hurtado

Source: Balance del Cardenal Ortega | Primavera Digital –
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